Perdió a su hija en agosto de 2017. Según su relato, sus fuertes dolores de parto fueron invisibilizados y la tildaron de exagerada. Adriana Palacios cuenta parte del día que cambió su vida a CHV Noticias, la protagonista de una iniciativa que tiene como objetivo terminar con una lamentable histórica realidad. Una problemática que, además, vuelve a sacar a la luz las diferencias entre el sistema de salud público y privado.

4 de agosto de 2017. Adriana Palacios, con 19 años en ese entonces, sentía un fuerte dolor en su vientre: su hija, Trinidad, estaba por nacer. En ese tiempo aún vivía en la comuna de Pozo Almonte, Región de Tarapacá, y el recinto de salud más cercano a su hogar era un Servicio de Atención Primaria de Urgencia (SAPU), a dos cuadras de distancia.

El dolor, cuenta a CHV Noticias, era insoportable. Le habían dicho que tenía 39 semanas, casi 40, pero en realidad eran 42 y dos días. Rápidamente tomó sus cosas y en compañía de su madre llegaron hasta el recinto asistencial público para pedir ayuda y poder dar a luz. Sin embargo, las cosas no salieron como esperaba.

“Los dolores ya no los aguantaba. Estaba muy cansada porque ya llevaba muchos días con trabajo de parto. Con contracciones y tenía mucho dolor, mucho cansancio, hambre, porque no podía comer. Vomitaba con las contracciones, la presión que tenía”, recuerda con la voz temblorosa a través de una llamada telefónica.

Adriana (23) vivió violencia obstétrica y su caso es uno de los miles que, por años, han sufrido las mujeres en Chile. Una problemática históricamente invisibilizada en nuestro país y a la que hoy se busca poner fin con la Ley Adriana o la Ley de Parto Respetado y fin de la violencia obstétrica.

Este tipo de violencia también se puede calificar como “una violencia de género que ocurre de manera institucionalizada”, dice la abogada, fundadora y directora del Observatorio de Violencia Obstétrica (OVO), Carla Bravo. Un problema que podría tener solución, explica, si se educa a tiempo en torno a este tema. La prevención podría ser la clave. La Ley Adriana también.

¿Qué es la violencia obstétrica?

La psicóloga de OVO, Paulina Sánchez, describe la violencia obstétrica como una “que se ejerce en el cuerpo sexual y reproductivo de la mujer, y las personas gestantes”, y concuerda con Bravo en que es de tipo “institucional en la medida en que está inserta en todo lo que es la institución de la biomedicina, que funciona con un modelo tecnocrático y patriarcal, y que a lo largo de muchos años transmite una formación donde se reproduce una forma (errónea) de comprender el cuerpo sexual y reproductivo de la mujer”.

Además, Sánchez recalca que los funcionarios que trabajan en estas instituciones también son propensos a ser víctimas de este tipo de violencia hacia la mujer. “Los mismos profesionales de la atención al parto, habiendo estudiado, siendo todo una cultura que funciona y comprende la sexualidad y la reproducción de cierta manera, tienden más a normalizar la forma de parir y nacer que se constituye como violenta”, detalla.

En concreto, “son acciones u omisiones que se dan en este periodo de gestación parto y postparto, que es ejercida por profesionales o técnicos de la atención al parto. Se da en el ámbito público o privado, genera daño físico o psicológico”, continúa Sánchez.

La psicóloga agrega que tiene dos formas de manifestarse: a través de la excesiva medicalización y la manifestación de malos tratos hacia las mujeres.

La primera forma se refiere a “inducir o apresurar los procesos fisiológicos o psicológicos naturales” con prácticas inadecuadas, muchas veces por “necesidades de los equipos médicos”, como las cesáreas innecesarias.

Por otro lado, la segunda se refiere a los tratos indignos, ya sean verbales, discriminatorios, físicos –como golpes o manotazos–, comentarios como “si te gustó abrir las piernas ahora aguántate el dolor”inhibición de la expresión del dolor, “maltratos que principalmente se dan más en el ámbito relacional entre quienes atienden el parto y las mujeres”, añade la profesional.   

Adriana tenía 18 años cuando supo que estaba embarazada por primera vez y cumplió los 19 en ese proceso. Comenta que luego de acudir al SAPU tenía la esperanza de que la derivaran a urgencias al hospital, pero eso nunca sucedió.

Días antes, dice, había ido a controles al Hospital de Iquique, a dos horas desde su hogar en ese entonces, pero la devolvieron en todas las oportunidades.

Ese 4 de agosto de 2017, mientras Adriana sufría por las contracciones en el SAPU de Pozo Almonte, también tuvo que lidiar con los comentarios de quienes la atendieron. “La doctora me decía que estaba exagerando, que los dolores nunca iban a ser tan extensos… era mi primer embarazo y no sabía de eso, y el dolor que sentía era real. Fue horrible”, recuerda.

Esa situación fue solo el inicio de la herida que Adriana nunca podrá sanar: la muerte de Trinidad. Según recuerda, la información errada que le dieron en uno de los últimos controles que tuvo en Iquique podría haberle salvado la vida a su hija, quien finalmente se ahogó por pasarse de semanas de gestación.

“La doctora me dijo con estas palabras: ‘tú diste mal la fecha en la que te metiste con el cabro y no tení’ las semanas que te pusieron en Valparaíso’ y me bajó las semanas de 41 y 5 a 39 y algo. Entonces, cuando yo tenía 42 y algo días, en el carnet donde ella me bajó la fecha decía 41 y algo recién, entonces se pasó de semanas. La Trini no tenía espacio, le quedaba poco líquido y se empezó a ahorcar con su cordón umbilical”, comenta Adriana.

El resto del reportaje en la nota original de CHV Noticias


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